MEDITACIONES

de     P. F.

Nahúm 2 y 3: La ruina de Nínive y los asirios  *

Nahúm 2 y 3 *

“(2:1) SUBIO destruidor contra ti: guarda la fortaleza, mira el camino, fortifica los lomos, fortalece mucho la fuerza.  (2:2) Porque Jehová restituirá la gloria de Jacob como la gloria de Israel; porque vaciadores los vaciaron, y estropearon sus mugrones.  (2:3) El escudo de sus valientes será bermejo, los varones de su ejército vestidos de grana: el carro como fuego de hachas; el día que se aparejará, temblarán las hayas.  (2:4) Los carros se precipitarán á las plazas, discurrirán por las calles: su aspecto como hachas encendidas; correrán como relámpagos.  (2:5) Acordaráse él de sus valientes; andando tropezarán; se apresurarán á su muro, y la cubierta se aparejará.  (2:6) Las puertas de los ríos se abrirán, y el palacio será destruido.  (2:7) Y la reina fué cautiva; mandarle han que suba, y sus criadas la llevarán gimiendo como palomas, batiendo sus pechos.  (2:8) Y fué Nínive de tiempo antiguo como estanque de aguas; mas ellos huyen: Parad, parad; y ninguno mira.  (2:9) Saquead plata, saquead oro: no hay fin de las riquezas y suntuosidad de todo ajuar de codicia.  (2:10) Vacía, y agotada, y despedazada está, y el corazón derretido: batimiento de rodillas, y dolor en todos riñones, y los rostros de todos tomarán negrura.  (2:11) ¿Qué es de la morada de los leones, y de la majada de los cachorros de los leones, donde se recogía el león, y la leona, y los cachorros del león, y no había quien les pusiese miedo?  (2:12) El león arrebataba en abundancia para sus cachorros, y ahogaba para sus leonas, y henchía de presa sus cavernas, y de robo sus moradas.  (2:13) Heme aquí contra ti, dice Jehová de los ejércitos. Encenderé y reduciré á humo tus carros, y espada devorará tus leoncillos; y raeré de la tierra tu robo, y nunca más se oirá voz de tus embajadores”.  (Nahúm 2:1–13)


“(3:1) ¡AY de la ciudad de sangres, toda llena de mentira y de rapiña, sin apartarse de ella el pillaje!  (3:2) Sonido de látigo, y estruendo de movimiento de ruedas; y caballo atropellador, y carro saltador;  (3:3) Caballero enhiesto, y resplandor de espada, y resplandor de lanza; y multitud de muertos, y multitud de cadáveres; y de sus cadáveres no habrá fin, y en sus cadáveres tropezarán:  (3:4) A causa de la multitud de las fornicaciones de la ramera de hermosa gala, maestra de brujerías, que vende las gentes con sus fornicaciones, y los pueblos con sus hechizos.  (3:5) Heme aquí contra ti, dice Jehová de los ejércitos, y descubriré tus faldas en tu cara, y mostraré á las gentes tu desnudez, y á los reinos tu vergüenza.  (3:6) Y echaré sobre ti suciedades, y te afrentaré, y te pondré como estiércol.  (3:7) Y será que todos los que te vieren, se apartarán de ti, y dirán: Nínive es asolada: ¿quién se compadecerá de ella? ¿dónde te buscaré consoladores?  (3:8) ¿Eres tú mejor que No-amón, que estaba asentada entre ríos, cercada de aguas, cuyo baluarte era la mar, y del mar su muralla?  (3:9) Etiopía era su fortaleza, y Egipto sin límite; Put y Libia fueron en tu ayuda.  (3:10) También ella fué llevada en cautiverio: también sus chiquitos fueron estrellados en las encrucijadas de todas las calles; y sobre sus varones echaron suertes, y todos sus magnates fueron aprisionados con grillos.  (3:11) Tú también serás embriagada, serás encerrada; tú también buscarás fortaleza á causa del enemigo.  (3:12) Todas tus fortalezas cual higueras con brevas; que si las sacuden, caen en la boca del que las ha de comer.  (3:13) He aquí, tu pueblo será como mujeres en medio de ti: las puertas de tu tierra se abrirán de par en par á tus enemigos: fuego consumirá tus barras.  (3:14) Provéete de agua para el cerco, fortifica tus fortalezas; entra en el lodo, pisa el barro, fortifica el horno.  (3:15) Allí te consumirá el fuego, te talará la espada, te devorará como pulgón: multiplícate como langosta, multiplícate como langosta.  (3:16) Multiplicaste tus mercaderes más que las estrellas del cielo: el pulgón hizo presa, y voló.  (3:17) Tus príncipes serán como langostas, y tus grandes como langostas de langostas que se sientan en vallados en día de frío: salido el sol se mudan, y no se conoce el lugar donde estuvieron.  (3:18) Durmieron tus pastores, oh rey de Asiria, reposaron tus valientes: tu pueblo se derramó por los montes, y no hay quien lo junte.  (3:19) No hay cura para tu quebradura; tu herida se encrudeció: todos los que oyeron tu fama, batirán las manos sobre ti, porque ¿sobre quién no pasó continuamente tu malicia”?  (Nahúm 3:1–19)


“Subió destruidor contra ti; guarda la fortaleza, vigila el camino, cíñete los lomos, refuerza mucho tu poder”.  Así empieza el capítulo 2 de Nahúm, y habla de las preparaciones para la batalla de Nínive.  Pero todo en vano, pues Jehová había levantado su mano contra ellos, que en tiempos pasados había saqueado al reino del norte de Israel, el pueblo de Jeroboam.  Su enemigo fue el reino de Babilonia, el mismo reino que en pocos años también iba a llevar cautivos las tribus de Judá y Benjamín, lo que quedaba a la casa de David.

Los colores de los soldados de Babilonia y sus aliados, los Medos eran rojo y grana.  Así Nahúm profetiza quien iba a destruir a Nínive y los Asirios.  “El escudo de sus valientes estará enrojecido, los varones de su ejército vestidos de grana”.  Casi podemos escuchar el sonido de la batalla, leyendo estos versículos.  Cuando los soldados asirios empezaron a huir bajo el ataque tan feroz, había generales quizás que trataron de animar su soldados a la batalla.  “Fue Nínive de tiempo antiguo como estanque de aguas; pero ellos huyen.  Dicen: ¡Deteneos, deteneos!; pero ninguno mira”.  Pues no tomaron ánimo; estaban en un pánico por temor del enemigo.  Y como ellos habían saqueado antes a Samaria y llevaron muchos despojos, así ahora ellos son saqueados, y se lleva todos sus perteneces.  “Saquead plata, saquead oro; no hay fin de las riquezas y suntuosidad de toda clase de efectos codiciables”.  ¿De qué les servía entonces toda la riqueza robada que tenían?  Pues nada pero nada; eso no iba a defenderles en el día de su caída.  Así el hombre confía en lo que no ayuda en el día de angustia.  No debemos nosotros ser como ellos.

El asirio era muy fanático del león.  Muchos artículos han sido excavados alrededor de Nínive que enseñan cabeza de hombre sobre cuerpo de león.  Se supone que ellos se pensaban fuertes como leones pero las palabras de Nahúm ponen en burla el poder de Asiria y el carácter de león que antes habían llevado.  “¿Qué es de la guarida de los leones, y de la majada de los cachorros de los leones, donde se recogía el león y la leona, y los cachorros del león, y no había quien los espantase?  El león arrebataba en abundancia para sus cachorros, y ahogaba para sus leonas, y llenaba de presa sus cavernas, y de robo sus guaridas”.  Se entiende un poco porque Jonás no quiso ir a predicar a tal pueblo, ¿no?  Pero Jehová que les había mostrado aquella misericordia después de la predicación de Jonás no iba a aguantar más sus excesos.  “Heme aquí contra ti, dice Jehová de los ejércitos.  Encenderé y reduciré a humo tus carros, y espada devorará tus leoncillos; y cortaré de la tierra tu robo, y nunca más se oirá la voz de tus mensajeros”.

¡Y pobre del hombre cuando Jehová le está en contra!  Y usted, querido lector, ¿tiene usted la confianza que Dios es por usted?  Romanos 8 asegura al creyente en Cristo esta cosa maravillosa.  “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?  El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas”?  Romanos 8:31-32

El último capítulo de Nahúm describe el fin de Nínive y los asirios.  “Todos los que te vieren se apartarán de ti, y dirán: Nínive es asolada; ¿quién se compadecerá de ella? ¿Dónde te buscaré consoladores”?  Me hace pensar del rey de Judá, Joram, un rey muy malo y corrupto.  “Cuando comenzó a reinar era de treinta y dos años, y reinó en Jerusalén ocho años; y murió sin que lo desearan más”.  Nadia lloraba para Nínive; durante su época había sido cruel y feroz, sin misericordia.  Y nadie lloraba para Joram, el rey impío de Judá.  “Murió sin que lo desearan más”.

Usted, ¿ha meditado que tipo de vida ha tenido?  Si a usted le toca morir, ¿le van a lamentar?  Creo que depende mucho de qué clase de vida hemos tenido.  Uno que muera después de una vida de egoísmo y orgullo muy poco va a ser lamentado.  Pero al contrario, una vida hecha para el bienestar de otros provoca una lamentación verdadera.  ¿Se acuerda de Dorcas, la hermana que servía a su pueblo?  “Dorcas … esta abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía. … Levantándose entonces Pedro, fue con ellos; y cuando llegó, le llevaron a la sala, donde le rodearon todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas”. Hechos 9:36-43

La semana que viene espero estar con los hermanos de Reynosa, México, Dios mediante.  Aprecio sus oraciones para la visita.  Voy a intentar hacer un estudio si sea posible.

FELIPE FOURNIER
6 de enero de 2012