MEDITACIONES

de     P. F.

Miqueas profetiza del juicio  *

Miqueas 1-3 *

“(1:1) PALABRA de Jehová que fué á Miqueas de Morasti en días de Jotham, Achâz, y Ezechîas, reyes de Judá: lo que vió sobre Samaria y Jerusalem.  (1:2) Oid, pueblos todos: está atenta, tierra, y todo lo que en ella hay: y el Señor Jehová, el Señor desde su santo templo sea testigo contra vosotros.  (1:3) Porque he aquí, Jehová sale de su lugar, y descenderá, y hollará sobre las alturas de la tierra.  (1:4) Y debajo de él se derretirán los montes, y los valles se hendirán como la cera delante del fuego, como las aguas que corren por un precipicio.  (1:5) Todo esto por la rebelión de Jacob, y por los pecados de la casa de Israel. ¿Cuál es la rebelión de Jacob? ¿no es Samaria? ¿Y cuáles son los excelsos de Judá? ¿no es Jerusalem?  (1:6) Pondré pues á Samaria en majanos de heredad, en tierra de viñas; y derramaré sus piedras por el valle, y descubriré sus fundamentos.  (1:7) Y todas sus estatuas serán despedazadas, y todos sus dones serán quemados en fuego, y asolaré todos sus ídolos; porque de dones de rameras los juntó, y á dones de rameras volverán.  (1:8) Por tanto lamentaré y aullaré, y andaré despojado y desnudo; haré gemido como de chacales, y lamento como de avestruces.  (1:9) Porque su llaga es dolorosa, que llegó hasta Judá; llegó hasta la puerta de mi pueblo, hasta Jerusalem.  (1:10) No lo digáis en Gath, ni lloréis mucho: revuélcate en el polvo de Beth-le-aphrah.  (1:11) Pásate desnuda con vergüenza, oh moradora de Saphir: la moradora de Saanán no salió al llanto de Beth-esel: tomará de vosotros su tardanza.  (1:12) Porque la moradora de Maroth tuvo dolor por el bien; por cuanto el mal descendió de Jehová hasta la puerta de Jerusalem.  (1:13) Unce al carro dromedarios, oh moradora de Lachîs, que fuiste principio de pecado á la hija de Sión; porque en ti se inventaron las rebeliones de Israel.  (1:14) Por tanto, tú darás dones á Moreseth-gath: las casas de Achzib serán en mentira á los reyes de Israel.  (1:15) Aun te traeré heredero, oh moradora de Maresah: la gloria de Israel vendrá hasta Adullam.  (1:16) Mésate y trasquílate por los hijos de tus delicias: ensancha tu calva como águila; porque fueron trasportados de ti”.  (Miqueas 1:1–16)


“(2:1) ¡AY de los que piensan iniquidad, y de los que fabrican el mal en sus camas! Cuando viene la mañana lo ponen en obra, porque tienen en su mano el poder.  (2:2) Y codiciaron las heredades, y robáronlas: y casas, y las tomaron: oprimieron al hombre y á su casa, al hombre y á su heredad.  (2:3) Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí, yo pienso sobre esta familia un mal, del cual no sacaréis vuestros cuellos, ni andaréis erguidos; porque el tiempo será malo.  (2:4) En aquel tiempo se levantará sobre vosotros refrán, y se endechará endecha de lametación, diciendo: Del todo fuimos destruídos; ha cambiado la parte de mi pueblo. ¡Cómo nos quitó nuestros campos! dió, repartiólos á otros.  (2:5) Por tanto, no tendrás quien eche cordel para suerte en la congregación de Jehová.  (2:6) No profeticéis, dicen á los que profetizan; no les profeticen que los ha de comprender vergüenza.  (2:7) La que te dices casa de Jacob, ¿hase acortado el espíritu de Jehová? ¿son éstas sus obras? ¿Mis palabras no hacen bien al que camina derechamente?  (2:8) El que ayer era mi pueblo, se ha levantado como enemigo: tras las vestiduras quitasteis las capas atrevidamente á los que pasaban, como los que vuelven de la guerra.  (2:9) A las mujeres de mi pueblo echasteis fuera de las casas de sus delicias: á sus niños quitasteis mi perpetua alabanza.  (2:10) Levantaos, y andad, que no es ésta la holganza; porque está contaminada, corrompióse, y de grande corrupción.  (2:11) Si hubiere alguno que ande con el viento, y finja mentiras diciendo: Yo te profetizaré de vino y de sidra; este tal será profeta á este pueblo.  (2:12) De cierto te reuniré todo, oh Jacob: recogeré ciertamente el resto de Israel: pondrélo junto como ovejas de Bosra, como rebaño en mitad de su majada: harán estruendo por la multitud de los hombres.  (2:13) Subirá rompedor delante de ellos; romperán y pasarán la puerta, y saldrán por ella: y su rey pasará delante de ellos, y á la cabeza de ellos Jehová”.  (Miqueas 2:1–13)


“(3:1) Y DIJE: Oid ahora, príncipes de Jacob, y cabezas de la casa de Israel: ¿No pertenecía á vosotros saber el derecho?  (3:2) Que aborrecen lo bueno y aman lo malo, que les quitan su piel y su carne de sobre los huesos;  (3:3) Que comen asimismo la carne de mi pueblo, y les desuellan su piel de sobre ellos, y les quebrantan sus huesos y los rompen, como para el caldero, y como carnes en olla.  (3:4) Entonces clamarán á Jehová y no les responderá; antes esconderá de ellos su rostro en aquel tiempo, por cuanto hicieron malvadas obras.  (3:5) Así ha dicho Jehová acerca de los profetas que hacen errar á mi pueblo, que muerden con sus dientes, y claman, Paz, y al que no les diere que coman, aplazan contra él batalla:  (3:6) Por tanto, de la profecía se os hará noche, y oscuridad del adivinar; y sobre los profetas se pondrá el sol, y el día se entenebrecerá sobre ellos.  (3:7) Y serán avergonzados los profetas, y confundiránse los adivinos; y ellos todos cubrirán su labio, porque no hay respuesta de Dios.  (3:8) Yo empero estoy lleno de fuerza del espíritu de Jehová, y de juicio, y de fortaleza, para denunciar á Jacob su rebelión, y á Israel su pecado.  (3:9) Oid ahora esto, cabezas de la casa de Jacob, y capitanes de la casa de Israel, que abomináis el juicio, y pervertís todo el derecho;  (3:10) Que edificáis á Sión con sangre, y á Jerusalem con injusticia;  (3:11) Sus cabezas juzgan por cohecho, y sus sacerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivinan por dinero; y apóyanse en Jehová diciendo: ¿no está Jehová entre nosotros? No vendrá mal sobre nosotros.  (3:12) Por tanto, á causa de vosotros será Sión arada como campo, y Jerusalem será majanos, y el monte de la casa como cumbres de breñal”.  (Miqueas 3:1–12)


La semana pasada notamos como los primeros tres capítulos hablan del progreso del juicio contra los pueblos de Jacob y Judá (conocidos por sus ciudades principales, Samaria y Jerusalén).  Pienso que hoy vamos a considerar solo algunos versículos de estos tres capítulos.

“Porque los moradores de Marot anhelaron ansiosamente el bien; pues de parte de Jehová el mal había descendido hasta la puerta de Jerusalén”.  ¿Por qué pensaban los moradores de Marot que el bien iba a venir?  Bueno, ¿no eran el pueblo de Jehová?  ¿No debían recibir el bien de su mano?  Eso era verdad en tiempos pasados, pero ya que la idolatría había consumido los dos pueblos, ¿Cómo iban a recibir de la mano de Jehová el bien que anhelaban ansiosamente?  Así pienso yo de la nación de que soy residente.  Han pasado cinco años de malas noticias acerca de la economía.  Y muchos quizás están pensando que ahora debe haber más prosperidad.  Pero no ha habido nada de arrepentimiento; mucho menos, va mal en peor pues el presidente actual y recién elegido para otro cuatro años se ha declarado como apoyando el aborto y que se casen los homosexuales.  Entonces, ¿puede la nación en verdad pensar que debe haber prosperidad y bendición de Dios?

“Levantaos y andad, porque no es este el lugar de reposo, pues está contaminado, corrompido grandemente”. Miqueas 2:10  ¿No fue prometido a Abraham la herencia de la tierra de Palestina para siempre jamás?  Si, y Dios es fiel para con sus promesas.  Pero para el remanente de Israel en el día futuro van a tener que huir a los montes y esconder.  “Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea, huyan a los montes”. Mateo 24:15-16  El lugar, Jerusalén, fue contaminado con la idolatría, corrompido por la mala conducta de los que lideraban, ministraban, y profetizaban.  Pero para nosotros este el todo el mundo en el día de hoy.  Aquí no es nuestro lugar de reposo y no debemos pensar que la vida en ello sea fácil y siempre tranquilo.  “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas”. Filipenses 3:20-21

El capítulo 3 de Miqueas es muy interesante de leer y meditar.  Solo voy a citar estos versículos casi al fin del capítulo.  “Sus jefes juzgan por cohecho, y sus sacerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivinan por dinero; y se apoyan en Jehová, diciendo:  ¿No está Jehová entre nosotros?  No vendrá mal sobre nosotro”.  Debe de ser obvio que Jehová no iba a aguantar para siempre jamás la infidelidad e insinceridad de los jefes, sacerdotes, y profetas que traban solo por el dinero.  La palabra “cohecho” casi no usado en el día de hoy, quiere decir soborno, o como dice en México, “la mordida”.  Así en el día de hoy, muchos que profesan en nombre de Jesús realmente son adoradores de otro dios, el dios de dinero.  O amados hermanos, sea como sea nuestra condición económica, tenemos que guardarnos del amor del dinero, que llega siendo la idolatría de nuestro dia.  No es por nada que Juan, el apóstol de Jesús que conocía y enseñaba mas del amor de Dios y Jesucristo que todos los demás termina su primera epístola así:  “Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo.  Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.  Hijitos, guardaos de los ídolos.  Amén”.

FELIPE FOURNIER
11 de noviembre de 2012