El último capítulo del libro de Amos habla ambos de juicio completo, y de misericordia futuro. El capítulo empieza con una descripción de un juicio del cual no hay escape ninguno. “Al postrero de ellos mataré a espada; no habrá de ellos quien huya, ni quien escape. Aunque cavasen hasta el Seol, de allá los tomará mi mano; y aunque subieren hasta el cielo, de allá los haré descender. Si se escondieren en la cumbre del Carmelo, allí los buscaré y lo tomaré; y aunque se escondieren de delante de mis ojos en lo profundo del mar, allí mandaré a la serpiente y los morderá”.
Este pronuncio de juicio que no tiene como escapar me hace pensar de una historia que leí o escuche hace muchos años (no me acuerdo si se me contó alguien la historia, o si la leí en un tratado.) Era de un hombre incrédulo que dijo que Dios no iba a poder resucitar su cuerpo para ser juzgado, pues era su intención frustrarlo. Dejó instrucciones que cuando le sepultaron, debían de hacer una tapa sobre su tumba con concreto bien grueso y fuerte. Cumplieron lo que él quiso después de su muerte, sepultando su cuerpo y construyendo la tapa de concreto en cima. Bueno, así quedó por muchos años pero como es la costumbre de concreto, tarde o temprano forma grietas pequeñas. Eso al principio no afectaba nada el concreto reforzado y fuerte, pero resultó que cayó una semilla un día en la grieta chiquita. Cayó también un poco de tierra que cubrió la semilla, y la semilla brotó. Era semilla de un árbol. Demoró un tiempo pero el árbol empezó a crecer. No pasó tantos años cuando el árbol echaba sus raíces bien profundo en el concreto. Alguien que conocía la historia de aquel hombre incrédulo, quien había pensado frustrar la promesa de Dios a resucitar a los muertos para el juicio, pasó su sepulcro y se dio cuenta que el concreto tan fuerte se había cambiado en pedazos bajo el poder de las raíces del árbol, una vez una semilla pequeña. ¡Que ignorante y rebelde el hombre, que piensa escapar el juicio de Dios! Igual la nación de Israel, que en el capítulo 6 “dilataron el día malo” y pasaron su tiempo aprovechando sus lujos. En el capitulo 7, dijeron al profeta Amos “vete a Judá y profetiza allá” por no querer escuchar del día de juicio. Esta parte del libro termina con las palabras tan solemnes “A espada morirán todos los pecadores de mi pueblo, que dicen: No se acercará, ni nos alcanzará el mal”.
Pero no debemos ser sorprendidos que el libro no termina así. Al contrario, habla del futuro bienaventurado de la nación. “En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado”. No estoy seguro si “el tabernáculo” que se menciona esta hablando aquí del templo del milenio, o quizás es la casa de Israel pero habla de un tiempo aun futuro cuando Dios va a derramar sobre el remanente de Israel toda su bendición. Y no una pequeña bendición, sino algo desconocido en toda la historia de Israel. “He aquí vienen días, dice Jehová, en que el que ara alcanzará al segador, y el pisador de las uvas al que lleve la simiente”. En otras palabras, va a ser un tiempo de producción continua de la cosecha de la tierra, sin los percances de clima e insecto que destruyen. Y que bonita las palabras con que Amos termina su carta “Pues los plantaré sobre su tierra, y nunca más serán arrancados de su tierra que yo les di, ha dicho Jehová Dios tuyo”. ¡Nunca mas! Sea como sea las amenazas de las naciones de los árabes, la palabra de Dios dice “nunca mas serán arrancados de su tierra”.
Una cosa más antes de terminar este libro tan interesante. Algunos han sido confundidos a través de la cita que hizo Santiago en Hechos 15 de este capítulo. “Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar, para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre”. Lo que pasó en Hechos 15 no era el cumplimiento de la profecía de Amos. Santiago nada mas estaba usando la cita para mostrar que los gentiles también conocerán a Dios sin llegar a ser judíos. Era reprensión a los judaizantes, hermanos en aquel entonces que quieran cambiar los gentiles cristianos en judíos.
Estamos agradecidos mi esposa y yo a Dios por su bondad en el nacimiento de nuestro sexto nieto, Lincoln Daniel, y 15 de octubre, a nuestra hija Heidi y su marido Ryan. Adjunto la foto.
23 de octubre de 2012