“Y acontecerá que si diez hombres quedaren en una casa, morirán. Y un pariente tomará a cada uno, y lo quemará para sacar los huesos de casa; y dirá al que estará en los rincones de la casa: ¿Hay aún alguno contigo? Y dirá: No. Y dirá aquél: Calla, porque no podemos mencionar el nombre de Jehová”.
La semana pasada hice mención de este versículo, que no lo entendía mucho, y pidiendo un poco de ayuda. Entre la semana, no habiendo recibido respuesta acerca del versículo de nadie, iba meditando sobre su significado. Hoy día me llegó una carta del hermano Lon Hulen con algunos pensamientos y yo también he tenido algunos pensamientos que quiero compartir.
El hermano Lon mencionó como en la historia de Abram y Lot, cuando Abram intercedía para la ciudad de Sodoma donde vivía Lot, iba disminuyendo el número de justos que posiblemente estaban en la ciudad de Sodoma. “Y se acercó Abraham y dijo: ¿Destruirás también al justo con el impío? ... Y volvió a decir: No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respondió, por amor a los diez”. Génesis 18:23-33 ¿No hubieran los habitantes de Samaria recordados del juicio que cayó sobre Sodoma, la ciudad donde no hubo ni diez justos? Así en la profecía de Amos, el profeta habla de la destrucción y muerte de diez personas en una casa, y solo había un sobreviviente. La destrucción iba a ser tan grande que en vez de enterrar a los cuerpos como era la costumbre de los Hebreos, iba a ser necesario carbonizar los cuerpos por ser demasiados. Pero quedó un sobreviviente en la casa que parece ser un hombre traumado y angustiado. Cuando los encargados para quemar los huesos lo encuentran, le tratan de hacer preguntas. Pero su única respuesta es “Calla, porque no podemos mencionar el nombre de Jehová”.
El nombre de Jehová una vez era la gloria de la nación de Israel. “Y verán todos los pueblos de la tierra que el nombre de Jehová es invocado sobre ti, y te temerán”. Deut. 28:10 En este versículo, era el nombre de Jehová que les distinguía de las otras naciones y causaba que las naciones tuvieran miedo de Israel, como decía la ramera de Jericó, Rahab. “Sé que Jehová os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país ya han desmayado por causa de vosotros … Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de vosotros, porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra”. Josué 2:9-11 Pero ahora, en nuestro capítulo 6 de Amos, hay temor de mencionar el nombre de Jehová porque se conoce asociado ya con el juicio, lejos de la gloria y temor de las naciones de tiempos pasados. El hombre en la casa tiene miedo que cualquier mención del nombre de Jehová solo iba a traer más juicio.
Es muy interesante ver que durante el tiempo de Cristo en el mundo, ya era la costumbre entre los Judíos no mencionar el nombre de Jehová. Dijeron a Jesús en la hora de su prueba ante los sacerdotes “¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito”? Marcos 14:61 En el día de hoy, se dice que los Judíos ortodoxos son así, y semejante usan otras palabras para hablar del Dios de Israel; nunca pronuncian su nombre Jehová. ¿No vemos en todo esto como la nación se había alejado más y más de Jehová? Supuestamente su hábito de no pronunciar su nombre era por respeto, pero creo que el contexto de estos versículos en Amos nos enseña otra cosa. Era el temor de su juicio, tan grave había llegado a ser. Pero hay en todo esto un gran contraste con nosotros, hijos de Dios y conocedores de Dios como nuestro padre. El tiempo no nos aleja de Dios para no pronunciar su nombre, sino para acercarnos a Dios, como el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”. ¡Sea gloria a su nombre, el nombre que es nuestro deleite mencionar, el Señor Jesucristo!
30 de septíembre de 2012