Empezamos otro libro de los profetas minores, siendo el libro de Amós, que en sus propias palabras explica que era pastor y no era profeta. “No soy profeta, ni soy hijo de profeta, sino que soy boyero, y recojo higos silvestres. Y Jehová me tomó de detrás del ganado, y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo Israel”. Amós 7:14-15 Amós hacia su trabajo de pastor fielmente, y Jehová entonces le dio otro trabajo que podía hacer.
El hermano Jaime G. de Bolivia nos ministraba la palabra en la conferencia en Lima, y habló sobre el tema de servir al Señor en nuestra vida diaria, no solo cuando estamos relacionados con algo de la asamblea o trabajando en el evangelio. Pensaba de este ministerio cuando leía lo de Amós, trabajando humildemente como “el pastor de Tecoa” recogiendo también higos silvestres, o para su propia comida o para vender a otros. ¿Estaba sirviendo a Jehová cuando hacia este trabajo tan humilde? Estoy seguro que si. Nuestro hermano Jaime nos habló de cómo el Señor Jesús, hasta que tuvo 30 años, era carpintero, quizás haciendo muebles, pero seguro que hacia su trabajo con diligencia, nunca mostrando flojera o desinterés en hacer su trabajo bien. Así mis queridos hermanos y hermanas en Cristo, si es que usted se siente inútil para el Señor en el trabajo que esta haciendo diariamente, no debe sentir así. Haga su trabajo bien, en comunión con el Señor y esperando en El por las oportunidades que Él puede dar, sea una palabra en el evangelio a un compañero o compañera de trabajo, o quizás nada mas que la demostración del amor de Dios en un mundo que carece de tal cosa. El Señor Jesús, caminando en este mundo, mostraba la bondad de Dios en un mundo conocido mejor por su crueldad que cualquier otra cosa.
Se nota sobre este mismo tema de la bondad de Dios, que las pronunciaciones de juicio contra las naciones en este capítulo 1 de Amós tienen todo que ver con su crueldad. “Por tres pecados de Damasco, y por el cuarto, no revocaré su castigo; porque trillaron a Galaad con trillos de hierro”. Las palabras aquí aparentemente no son como las palabras de Oseas, quien hablaba con muchas palabras figurativas. Más bien, esto es exactamente lo que hicieron los Sirios. Con instrumentos de la cosecha, hicieron cosas indecibles a sus enemigos. Y no solo ellos, sino otros que vivían alrededor de Israel. Gaza (los filisteos) y Tiro (pueblo de la reina malvada Jezabel) en su crueldad vendieron los hijos de Israel (y sin duda otros pueblos también) como esclavos. Edom, pariente de Israel siendo Esaú el hermano de Jacobo, eran culpables también. “Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de Edom, y por el cuarto, no revocaré su castigo; porque persiguió a espada a su hermano, y violó todo afecto natural”. El afecto natural es natural porque viene de Dios. El hombre no vino como producto evolucionario del mono. Diferente que todo animal, el hombre fue hecho en “la imagen y semejanza de Dios”. Génesis 1:26 Así el hombre tiene afecto natural, producto de la obra de Dios en su creación. Edom violó todo afecto natural, y además, “en su furor le ha robado siempre, y perpetuamente ha guardado el rencor”.
Termina el capítulo 1 con Amón, otro pariente de Israel, pues como Moab su primo, Amón era hijo ilegitimo de Lot. “Por tres pecados de los hijos de Amón, y por el cuarto, no revocaré su castigo; porque para ensanchar sus tierras abrieron a las mujeres de Galaad que estaban encintas”. Esta crueldad es tan horrible como se escucha. Pero la maldad en el corazón humano no tiene medida. Cuando pensamos como el hombre clavó en una cruz al hijo de Dios, no debemos estar sorprendidos escuchando de las crueldades de estas naciones alrededor de Israel. Como los hijos de Dios, que privilegio es nuestro enseñar los atributos de Jesucristo en este triste mundo. “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante”. Efesios 4:31-32, 5:1-2
12 de agosto de 2012