He estado viajando, el domingo pasado visitando al hermano Rafael Torres y su esposa Dinora de Cuba, quienes viven aislados en Miami, Florida, y los hermanos congregados al nombre del Señor en West Palm Beach, Florida. Sigo en este viaje, enseñando clase automotriz esta noche en Miami y mañana partiendo para Lima, Perú para aprovechar un poco de la conferencia allá. Siendo que dudo que va a ser posible escribir un estudio desde Lima, y no queriendo pasar dos semanas sin escribir nada, voy a intentar escribir algo hoy día mientras que tenga un poco de tiempo disponible. Me anima que cuando falto escribir estudio, siempre hay uno o mas hermanos que me escriben, preguntándome donde esta el estudio, y eso me dice que si esta leyendo algunos constantemente. Sé que en la vida agitada que vivimos muchas veces es fácil poner a un lado las cosas de Dios, por las tribulaciones y quehaceres de la vida.
Como notamos (por lo menos en el titulo) en el estudio pasado sobre el primer capítulo de Joel, el profeta habla mucho del “día de Jehová”. En nuestro capítulo de hoy, se menciona en el verso 1 y otra vez en el verso 11. “Tocad trompeta en Sion, y dad alarma en mi santo monte; tiemblen todos los moradores de la tierra, porque viene el día de Jehová, porque está cercano”. “Y Jehová dará su orden delante de su ejército; porque muy grande es su campamento; fuerte es el que ejecuta su orden; porque grande es el día de Jehová, y muy terrible; ¿quién podrá soportarlo”? El profeta declara que el día de Jehová esta cercano pero sabemos que este día aun no ha aparecido, y según las escrituras, no va a aparecer hasta después que el Señor Jesús viene para arrebatar a los suyos hacia el cielo. Eso esta claro en el nuevo testamento en el libro de 1 Tesalonicenses 4 y 5. Como vemos aquella carta a los Tesalonicenses, ellos conocían el libro de Joel y las profecías que nosotros ahora mismo estamos considerando. “Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán”. 1 Tes. 5:2,3 Lo que ellos desconocían era una cosa no enseñado para nada en el antiguo testamento. “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza … . Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”. 1 Tes. 4:13-17 Así había profecías que ellos entendieron perfectamente bien, pero eran ignorantes de otras cosas, que Pablo por inspiración del Espíritu Santo, les enseña para que no ignorasen cosas tan importantes.
Creo que la diferencia entre el “día de Jehová” y “la esperanza bienaventurada” de nosotros los cristianos en el día de hoy es muy notable. Joel habla de un día de juicio fuerte, un día de miedo, grande y terrible. No se puede decir que el día de Jehová es algo que se espera con anhelo, como nosotros esperamos cada día la venida del Señor Jesús.
Hay que notar el doble sentido en este capítulo. Como notamos en el primer estudio, Joel estaba tratando de despertar al pueblo acerca de su responsabilidad para con Dios, que las cosas que pasaron no eran pura mala suerte. Era algo para ellos en aquel día. Pero tiene también tiene su aplicación para el día futuro. Notamos en el fin del capítulo los versos citados por Pedro en Hechos 2:14-21, en el día de Pentecostés. “Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo … esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días ... . Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”. No era el cumplimiento de la profecía, pero el mismo Espíritu que va a trabajar en el corazón de los hijos de Israel en el día futuro, es el Mismo que obraba en los apóstoles de Jesús en aquel día de Pentecostés, con fin de proclamar las buenas noticias “todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”.
Quiero notar algo mas muy animoso acerca del juicio que había venido en el capítulo uno de Joel. Había mucha perdida, por la mano de Jehová, primeramente por los cuatro insectos que comieron la cosecha y después por la sequedad y por fin a través de fuego que quemaba todo lo que restaba. Pero en la gracia de Dios, en el día futuro esta maldición va a ser levantado y los hijos de Israel van a disfrutar abundancia sin límite. “Tierra, no temas; alégrate y gózate, porque Jehová hará grandes cosas … . Las eras se llenarán de trigo, y los lagares rebosarán de vino y aceite. Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros. Comeréis hasta saciaros, y alabaréis el nombre de Jehová vuestro Dios”. Es bien animoso pensar y meditar sobre la bendición de Dios que aunque perdido por la desobediencia de Israel, va a ser restaurado en pura gracia. Nosotros también disfrutamos en el día de hoy la misma gracia. Un hombre salvado en su vejez quizás llora para los años perdidos viviendo en pecado, pero puede saber que Dios le da en su gracia abundancia en sus postreros días. No quiero decir, por supuesto, que un joven que conoce la senda del Señor y decide malgastar su tiempo de juventud viviendo para si mismo, va a recuperar los años así perdidos. No podemos menospreciar la gracia como dice en Romanos 6, “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? ¡En ninguna manera”!
26 de julio de 2012