Hoy día tenemos otro catalogo de las maldades de la nación desviada de las sendas de Jehová. Pero leyendo el capítulo algunas cosas de instrucciones me llegaron a la mente que quiero compartir con ustedes.
“No quedarán en la tierra de Jehová, sino que volverá Efraín a Egipto y a Asiria, donde comerán vianda inmunda”. Este versículo profetizó el día del cautiverio que pronto iba a suceder a las tribus bajo el nombre de “Efraín” aunque demoraba un poco más tiempo con Judá. Pero nos da oportunidad de reflexionar sobre tales como Daniel y sus amigos, los cuales no quisieron comer “vianda inmunda”. “Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse”. Daniel 1:8 ¿No vivimos nosotros en días de “vianda inmunda”? No hablo de lo que comemos de lo natural, pues las palabras de Dios a Pedro en Hechos 10 nos dan libertad de comer de todo. No estamos bajo a ley de Moisés y tampoco hay reglas de dieta para el cristiano. Pero este mundo esta lleno de “vianda inmundo” y son cosas que no convienen al creyente. Como dijo el Señor Jesús en Juan 17:15-16; “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo”. El mundo trata de obligarnos de contaminarnos, pero muchas veces tenemos elección; podemos evitar la contaminación si queremos (aunque quizás con algún costo) como Daniel por la honra de Dios. ¿No vale la pena por la gloria del Señor Jesucristo, quien nos compró con su preciosa sangre?
Bien elocuente son las palabras de Oseas en el verso 10, usando de nuevo semejanzas y comparaciones como vimos la semana pasada. “Como uvas en el desierto hallé a Israel; como la fruta temprana de la higuera en su principio vi a vuestros padres. Ellos acudieron a Baal-peor, se apartaron para vergüenza, y se hicieron abominables como aquello que amaron”. El desierto no sostiene casi nada de vida, especialmente el desierto de Sinai donde casi no llueve nada. Pero la semejanza que usa aquí indica como Israel, cuando caminaba en fidelidad a Jehová, era algo bien agradable a Dios, como uvas o higos en el desierto. Y así el cristiano, caminando fiel a Dios en este mundo rebelde y apartado de Dios, es un olor suave de Cristo a Dios. 2 Corintios 2:15 “Porque para Dios somos grato olor de Cristo …”. Si se acuerda, cuando acudieron a Baal-peor, fueron desviados de la senda de Jehová a través de las mujeres de Moab. Balak, rey de Moab, tenía miedo de Israel y llamó a Balaam que maldijera a Israel. “Ven pues, ahora, te ruego, maldíceme este pueblo, porque es más fuerte que yo”. No fue exitoso este intento de maldecir a Israel, pues Jehová no lo permitió. Pero después, Balaam con astucia enseñó a Balak que la forma de traer el juicio sobre Israel era con algo más astuta y menos obvia. “Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación”. Apoc. 2:14
Me falta tiempo hoy día de escribir mas, siendo exigentes mis nietas que estoy visitando. Pero espero que nos de algo de ánimo las lecciones de Oseas, como la nación una vez agradable y dulce a Jehová, llegó a ser tan abominable. Claro que el cristiano, hijo de Dios inseparable y sin posibilidad de perderse, nunca llega a ser abominable a Dios. Pero si lo podemos entristecer grandemente por un andar descuidado, y la astucia del diablo es bien notable en el día de hoy. ¡Quiera Dios que seamos nosotros como Daniel y sus amigos, que por amor a Dios no quisieron contaminarse con las viandas del rey de Babilonia!
27 de mayo de 2012