“Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos”. Dos veces en el evangelio de Mateo escuchamos al Señor Jesús citando este versículo a los fariseos. Primero en el capítulo 9 de Mateo, “Los fariseos dijeron a los discípulos: ¿Porqué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento”. Así vemos la bendición del Señor sobre el estudio de Oseas, ¿no? “Aprended lo que significa …”. Otra vez en Mateo 12:7-8 “Y si supieseis qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes; porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo”.
Creo que vemos en esto que Jehová estaba enseñando aun al pueblo de Israel en el tiempo de Oseas que los sacrificios en si no eran lo que el buscaba, sino un corazón arrepentido delante de el. Pero los fariseos en el tiempo de Jesús no sabían lo que significaba. Ellos continuaban con los sacrificios y ritos del templo, sin ídolos y aparentemente caminando bien, pero con corazones tan lejos de Dios que llegado el Hijo, no lo conocieron. “En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció”. Juan 1:10 Condenaron al Señor Jesús porque comía con los publicanos y pecadores, y condenaron a los discípulos por comer en el día de reposo (el sábado). Hay seguramente una palabra por nosotros en esto. Debemos tener cuidado antes de juzgar a nuestros hermanos en Cristo, viendo primeramente la condición de nuestros propios corazones, tan susceptibles somos al juzgar como los fariseos. De caminar con todo lo externo aparentemente bien, pero con pecado en el corazón no juzgado delante de Dios, es una senda peligrosa.
Pero he sobrepasado la introducción al capítulo que para mi es la anticipación del futuro bendición de Israel. “Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará. Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él. Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra”. Me parece que Oseas decía y escribía estas palabras en el anhelo y anticipación del día cuando “después de dos días” la nación de Israel iba a arrepentirse de verdad, bajo la vara de Jehová. He escuchado varias interpretaciones de los “dos días” que voy a mencionar aquí pero dejando a su meditación lo que sea su interpretación correcto.
Primero, a nosotros nos gusta pensar que los dos días significan dos mil años desde que Cristo vino y murió en la cruz, y así nos da gozo pensar que la venida del Señor esta muy cerca, para arrebatarnos al cielo. El tercer día entonces hablaría del milenio cuando la nación de Israel haya de vivir siempre en la presencia de Dios. También es posible que los dos días y el tercer día hablen de la muerte de Jesús, y su resurrección el tercer día, cual tema es el fundamento de la bendición de toda la casa de fe desde Adán hasta el día de hoy. Finalmente, ha sido sugerido que los dos días hablan de la segunda parte de la gran tribulación cuando la nación haya de llorar en arrepentimiento por haber visto por fe; “Y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito”. Zacarías 12:10
6 de mayo de 2012