Ya son mas que diez años desde que empezó a hacer estos estudios y confieso que nunca antes me he sentido tan incapaz de profundizar un tema como contemplamos hacer esta vez; eso es, estudiar los libros que han sido llamados “los profetas minores” porque escribieron libros pequeños. Es mi deseo buscar la ayuda del Señor para saber como considerar estos libros, sea en forma de resumen general, o sea por capítulo. Por el día de hoy, vamos a empezar con el capítulo uno de Oseas y esperar en la guía del Espíritu Santo para el futuro.
Oseas era uno de cuatro profetas que profetizaron durante los reinos de los reyes sobre la nación dividida, Israel y Judá. “Palabra de Jehová que vino a Oseas hijo de Beeri, en días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá, y en días de Jeroboam hijo de Joás, rey de Israel”. Los otros son Joel, Amos, y Miqueas, y probablemente contemporáneos con Jonás. Sus mensajes, diferentes de lo de Jonás, eran por el pueblo de Israel de aquel entonces, pero hay que recordar que era “Palabra de Jehová” y así debe ser de interés por nosotros. Aunque ya no conocemos a Dios como Jehová, sino como Padre, es El mismo. La voz que habla por el profeta Oseas es el mismo que nos habla en el día de hoy, en los días postreros. “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”. Apoc. 3:20 Jesús se ve en este versículo afuera pues la tendencia en nuestro tiempo es así, ¿no? Andamos en este mundo según nuestro parecer, y el Señor es dejado afuera. Su deseo es tener comunión con nosotros, no solo salvarnos del infierno. ¡Ojala que escuchemos su voz!
Oseas tenia que sufrir bastante en su ministerio a la nación de Israel. No fue por el escoger una esposa según su corazón, sino mandado por Dios, tuvo que escoger una mujer pecaminosa. “Dijo Jehová a Oseas: Ve, tómate una mujer fornicaria, e hijos de fornicación; porque la tierra fornica apartándose de Jehová”. Imagino que no fue una elección agradable a Oseas, pues el ejemplo que seguimos en nuestra cultura es lo de Jacob que aleccionó a Raquel y servía siete años para ganarle. “Así sirvió Jacob por Raquel siete años; y le parecieron como pocos días, porque la amaba”. Génesis 29:20
La mujer Gomer que iba a dar a luz tres hijos, cada uno dado un nombre según la palabra de Jehová, e igual como la mujer de Oseas, sus hijos eran unas parábolas para la nación de Israel. “Y le dijo Jehová: Ponle por nombre Jezreel; porque de aquí a poco yo castigaré a la casa de Jehú por causa de la sangre de Jezreel, y haré cesar el reino de la casa de Israel”. Jezreel era el lugar donde estaba el palacio del rey más pecaminoso, donde los perros lamieron la sangre de Jezabel, eso por mandamiento de Jehová, pero por mano de Jehú murieron muchos otros, simplemente por su venganza y llegó a ser para el juicio de la nación.
Los dos hijos que siguieron fueron nombrados nombres de suma tristeza para la nación; “Concibió ella otra vez, y dio a luz una hija. Y le dijo Dios: Ponle por nombre Lo-ruhama, porque no me compadeceré más de la casa de Israel, sino que los quitaré del todo”. Y después, otro hijo con nombre de tristeza; “Después de haber destetado a Lo-ruhama, concibió y dio a luz un hijo. Y dijo Dios: Ponle por nombre Lo-ammi, porque vosotros no sois mi pueblo, ni yo seré vuestro Dios”. Así Oseas tuvo que poner nombres sobre sus tres hijos que hablaban cada uno de juicio que iba a caer sobre la nación de Israel, aunque en este capítulo dice también que Judá todavía iba a participar en la misericordia de Dios.
Para mi es de sumo ánimo dos cosas, leyendo estos versículos de juicio profetizado. Primeramente, Pedro en sus epístolas hablando con judíos cristianos que era de la dispersión, dijo “Vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia”. 1 Pedro 2:10 Así en el día de hoy el judío que conoce a Cristo puede realizar la misericordia de Dios y también la relación de Dios como hijo, las cuales fueron perdidos a la nación de Israel hace tantos años. Además, sabemos por este mismo libro de Oseas profetiza de la restauración de Israel, como muerto y resucitado. Así confiamos que Dios todavía tiene bendición por su pueblo en un día no muy lejano, pero todo va a ser por la fundación de la gracia. “No por obras, para que nadie se gloríe”. Efesios 2:9
25 de marzo de 2012