Después de varios capítulos de este libro, algo deprimidos, llegamos a un capitulo lleno de las expresiones de amor que provienen del corazón de Dios. Espero que cada uno de ustedes toman el tiempo de leer el capítulo cuidadosamente y meditar sobre sus expresiones tan bellas. “Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo”. Jehová en este capitulo esta hablando en la primera persona, y aunque el autor del libro es el profeta Oseas, es muy conmovedor al corazón escuchar a Jehová hablando en estos términos tan profundos y dulces. No es por accidente que el verso uno de este capitulo es citado en Mateo 2:14,15, hablando del hijo llamado de Egipto y refiriendo al mismo Señor Jesucristo como un niño protegido de la ira de Herodes por la nación de Egipto. “Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto, y estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo”. Va a haber bendición para la nación de Egipto en el día milenial a causa de la protección así rendido al hijo de Dios.
Pero volviendo al tema de este capítulo, Jehová esta hablando con fin de volver los pensamientos de Israel al principio, cuando fueron conducidos por la mano, sacados de esclavitud en Egipto. “Yo con todo eso enseñaba a andar al mismo Efraín, tomándole de los brazos; y no conoció que yo le cuidaba. Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor”. ¿No es cierto que así Dios haya tratado a cada uno de nosotros que conocemos al Señor Jesús como Salvador? Nos ha conducido así el como niños aunque éramos ignorantes de los brazos de amor que nos cuidaban y las cuerdas de amor que nos protegían de quien sabe cuantos peligros. Pero viendo atrás, ¿no podemos ver como nos cuidaba? Hebreos 1:14 nos enseña que los mismos ángeles protegían a nosotros antes que conocíamos a Cristo como Salvador. “¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación”? El hermano Clemente Buchanan nos contó de un Peruano que tenia el trabajo de ser piloto para conducir a los barcos grande así adentro del puerto de Callao en Lima. Un día llegó un tsunami al puerto y él se encontró en su lancha enfrentando una ola gigantesca. Se sentía como algo estaba ayudando a su lancha con su motorcito subir hacia la cúspide de la ola y sobre pasar. Y después, otra ola grandote, y otra vez subió y sobre pasó la cúspide sin ser tocado. Cuando dio vuelta a retornar, vio una destrucción total en el puerto, con los barcos grandes levantados y echados sobre edificios en el centro de Lima. Muchos años después, recordando este evento, meditó sobre la mano de Dios por un ángel cuidándole para que después pudiera conocer al Señor Jesús como su Salvador.
Pero Israel respondía a Jehová como un niño que no aprecia para nada el amor de su padre. “Entre tanto, mi pueblo está adherido a la rebelión contra mí; aunque me llaman el Altísimo, ninguno absolutamente me quiere enaltecer”. El titulo de Dios “Altísimo” habla de un día futuro cuando Dios va a tratar con la nación bajo circunstancias terribles en la gran tribulación. Salmo 91 nos da una idea de sus circunstancias. “El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente”. Pero la ironía de nuestro versículo en Oseas es que conociendo que la rebelión contra tal persona era inútil, rebelaron de todos modos. ¿Cómo se puede escapar del poder del “Altísimo” y “Omnipotente”?
Pero después de pronunciar estas palabras de triste ironía Jehová vuelve a pronunciar lo que procede directamente de su corazón. “¿Cómo podré abandonarte, oh Efraín? ¿Te entregaré yo, Israel? ¿Cómo podré yo hacerte como Adma, o ponerte como a Zeboim? Mi corazón se conmueve dentro de mí, se inflama toda mi compasión. No ejecutaré el ardor de mi ira, ni volveré para destruir a Efraín; porque Dios soy, y no hombre, el Santo en medio de ti”. Adma y Zeboim habla de los príncipes * de Sodoma y Gomorra que fueron destruidos con fuego en el día de Abraham y Lot, Génesis 19. Jehová reflexiona sobre la maldad que trajo sobre estos príncipes la ira y merecía Israel lo mismo, habiendo pecado igual y peor, con todo conocimiento del “Altísimo”. Pero Dios los amaba y los ama, y no les va a destruir en total. ¡Nosotros tenemos el privilegio de conocer el mismo Dios!
10 de junio de 2012