MEDITACIONES

de     P. F.

Jonás huye de la presencia de Jehová  *

Jonás 1; Salmo 139*

“Y FUÉ palabra de Jehová á Jonás, hijo de Amittai, diciendo:  Levántate, y ve á Nínive, ciudad grande, y pregona contra ella; porque su maldad ha subido delante de mí.  Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová á Tarsis, y descendió á Joppe; y halló un navío que partía para Tarsis; y pagando su pasaje entró en él, para irse con ellos á Tarsis de delante de Jehová.  Mas Jehová hizo levantar un gran viento en la mar, é hízose una tan gran tempestad en la mar, que pensóse se rompería la nave.  Y los marineros tuvieron miedo, y cada uno llamaba á su dios: y echaron á la mar los enseres que había en la nave, para descargarla de ellos. Jonás empero se había bajado á los lados del buque, y se había echado á dormir.  Y el maestre de la nave se llegó á él, y le dijo: ¿Qué tienes, dormilón? Levántate, y clamá á tu Dios; quizá él tendrá compasión de nosotros, y no pereceremos.  Y dijeron cada uno á su compañero: Venid, y echemos suertes, para saber por quién nos ha venido este mal. Y echaron suertes, y la suerte cayó sobre Jonás.  Entonces le dijeron ellos: Decláranos ahora por qué nos ha venido este mal. ¿Qué oficio tienes, y de dónde vienes? ¿cuál es tu tierra, y de qué pueblo eres?  Y él les respondió: Hebreo soy, y temo á Jehová, Dios de los cielos, que hizo la mar y la tierra.  Y aquellos hombres temieron sobremanera, y dijéronle: ¿Por qué has hecho esto? Porque ellos entendieron que huía de delante de Jehová, porque se lo había declarado.  Y dijéronle: ¿Qué te haremos, para que la mar se nos quiete? porque la mar iba á más, y se embravecía.  El les respondió: Tomadme, y echadme á la mar, y la mar se os quietará: porque yo sé que por mí ha venido esta grande tempestad sobre vosotros.  Y aquellos hombres trabajaron por tornar la nave á tierra; mas no pudieron, porque la mar iba á más, y se embravecía sobre ellos.  Entonces clamaron á Jehová, y dijeron: Rogámoste ahora, Jehová, que no perezcamos nosotros por la vida de aqueste hombre, ni pongas sobre nosotros la sangre inocente: porque tú, Jehová, has hecho como has querido.  Y tomaron á Jonás, y echáronlo á la mar; y la mar se quietó de su furia.  Y temieron aquellos hombres á Jehová con gran temor; y ofrecieron sacrificio á Jehová, y prometieron votos.  MAS Jehová había prevenido un gran pez que tragase á Jonás: y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches”.  (Jonás 1:1–17)


Al Músico principal: Salmo de David.   OH Jehová, tú me has examinado y conocido.   Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme, Has entendido desde lejos mis pensamientos.   Mi senda y mi acostarme has rodeado, Y estás impuesto en todos mis caminos.   Pues aun no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda.   Detrás y delante me guarneciste, Y sobre mí pusiste tu mano.   Más maravillosa es la ciencia que mi capacidad; Alta es, no puedo comprenderla.   ¿Adónde me iré de tu espíritu? ¿Y adónde huiré de tu presencia?   Si subiere á los cielos, allí estás tú: Y si en abismo hiciere mi estrado, he aquí allí tú estás.   Si tomare las alas del alba, Y habitare en el extremo de la mar,   Aun allí me guiará tu mano, Y me asirá tu diestra.   Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; Aun la noche resplandecerá tocante á mí.   Aun las tinieblas no encubren de ti, Y la noche resplandece como el día: Lo mismo te son las tinieblas que la luz.   Porque tú poseiste mis riñones; Cubrísteme en el vientre de mi madre.   Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras: Estoy maravillado, Y mi alma lo conoce mucho.   No fué encubierto de ti mi cuerpo, Bien que en oculto fuí formado, Y compaginado en lo más bajo de la tierra.   Mi embrión vieron tus ojos, Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas Que fueron luego formadas, Sin faltar una de ellas.   Así que ¡cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán multiplicadas son sus cuentas!   Si los cuento, multiplícanse más que la arena: Despierto, y aun estoy contigo.   De cierto, oh Dios, matarás al impío; Apartaos pues de mí, hombres sanguinarios.   Porque blasfemias dicen ellos contra ti: Tus enemigos toman en vano tu nombre.   ¿No tengo en odio, oh Jehová, á los que te aborrecen, Y me conmuevo contra tus enemigos?   Aborrézcolos con perfecto odio; Téngolos por enemigos.   Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón: Pruébame y reconoce mis pensamientos:   Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno”.  (Salmo 139:1–24)


“¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?  Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.  Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar,  aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra.  Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá alrededor de mí.  Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz”.  Salmo 139:7–12

Es una maravilla, considerando estos versículos en el Salmo, que leemos en seguida en Jonás 1 “Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová”.  Pero antes de condenar con mucha fuerza a Jonás, debemos quizás considerar nuestros corazones, para reflexionar cuantas veces hemos pretendido algo semejante.  Porque, ¿no es cierto que cuando pecamos con ojos abiertos, sabiendo que estamos haciendo mal, que estamos engañándonos, diciendo en tantas palabras que el Señor no nos ve?  ¿Se acuerda como Dios se presentó a Nabucodonosor el los tiempos del profeta Daniel?  “Vi en las visiones de mi cabeza mientras estaba en mi cama, que he aquí un vigilante y santo descendía del cielo”.  Daniel 4:13  Si nosotros tengamos en cuenta siempre que el Dios que nos ama, que nos trata con gracia, también es “un vigilante y santo” me parece que cambiaria nuestra forma de actuar muchas veces.

Pero Jonás en estos momentos solo pensaba que no quiso hacer lo que Jehová le dijo acerca de irse a Nínive.  Aunque no había mención en la predicación dado a Jonás de la misericordia, Jonás dijo para si mismo “¿Para que he de advertir a los habitantes de esta nación de paganos que entre cuarenta días Jehová va a destruir la ciudad”?  Jonás, según el capitulo 4 de nuestro libro, sabia que solo había un motivo para que Jehová advirtiera la ciudad; era con fin que ellos se arrepintieran y se salvaren.  Y como hemos dicho la semana pasada, Jonás no compartía el corazón de Dios para con los paganos, enemigos de Israel.  Que ellos se salvasen del juicio, para poder quizás entonces amenazar a Israel, no le interesaba nada.

“Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis, y descendió a Jope, y halló una nave que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová”.  En este libro vamos a encontrar que Jehová preparó varias cosas; un gran viento en la mar, un pez grande, una calabacera, un recio viento solano, y quizás otras cosas que veremos.  Pero aquí hay una cosa que Dios no preparó, pero Jonás quizás en su mente pensaba que era una seña de algo bueno; llegó a Jope, y he aquí ¡una nave disponible!  Pero tenía su tarifa y Jonás tuvo que pagar.  Algunos dicen que el precio también debería haber sido muy alto, pues Tarsis quedaba a una distancia muy lejos, quizás era un viaje de tres años.  Siendo que no podía llevar comida por tanto tiempo, ellos tenían que parar la nave para sembrar y cosechar, antes de continuar su viaje.  Sea como sea, basta decir que la presencia de la nave en aquel lugar no era una seña que la voluntad de Dios así se mostraba.

Jonás tuvo palabra de Jehová ya; “ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella”.  Me hace pensar de mi cuñada, que cuando pensaba casarse con un inconverso dijo “estoy orando sobre esto”.  Pero, ¿vale la pena orar cuando ya sabemos la voluntad de Dios, manifestado en su palabra, sobre este asunto?  Si nosotros vamos a tomar nuestra guía de las circunstancias aparentemente favorables, en vez de obedecer la palabra de Jehová, nos vamos a encontrar en sendas equivocadas.  No digo que el Señor no puede usar las circunstancias para guiarnos, pero no deben ser nuestra guía principal para conocer la voluntad de Dios, y sobre todo, nunca nos deben guiar en contra la palabra revelada de Dios.

Como otros nos han enseñado, la senda de Jonás de este punto era hacia abajo.  Descendió a Jope, descendió en la nave, y por fin descendió hasta las profundidades del mar.  En el proceso, Dios lo va a usar como testimonio a los marineros paganos, e improbable como parece, llega a ser prototipo de Cristo, dando en figura su vida para la salvación de otros.  En eso meditaremos (Dios mediante) la semana que viene.

FELIPE FOURNIER
5 de febrero de 2012