MEDITACIONES

de     P. F.

La muerte de Eliseo y el rey Joas  *

2 Reyes 13:14-20 *

“Estaba Eliseo enfermo de aquella su enfermedad de que murió. Y descendió á él Joas rey de Israel, y llorando delante de él, dijo: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de á caballo!  Y díjole Eliseo: Toma un arco y unas saetas. Tomóse él entonces un arco y unas saetas.  Y dijo Eliseo al rey de Israel: Pon tu mano sobre el arco. Y puso él su mano sobre el arco. Entonces puso Eliseo sus manos sobre las manos del rey,  Y dijo: Abre la ventana de hacia el oriente. Y como él la abrió dijo Eliseo: Tira. Y tirando él, dijo Eliseo: Saeta de salud de Jehová, y saeta de salud contra Siria: porque herirás á los Siros en Aphec, hasta consumirlos.  Y tornóle á decir: Toma las saetas. Y luego que el rey de Israel las hubo tomado, díjole: Hiere la tierra. Y él hirió tres veces, y cesó.  Entonces el varón de Dios, enojado con él, le dijo: A herir cinco ó seis veces, herirías á Siria, hasta no quedar ninguno: empero ahora tres veces herirás á Siria.  Y murió Eliseo, y sepultáronlo. Entrado el año vinieron partidas de Moabitas á la tierra”.  (2 Reyes 13:14-20)


Vamos por terminar el estudio de la larga vida de este profeta, representante de la gracia de Dios, la gracia que da y bendice cuando no hay porque, sino lo que hay en el corazón del Dios de toda gracia.  “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca”.  1 Pedro 5:10  Quizás pensamos que no somos tan malos como los hijos de Israel, que merecemos más la gracia de Dios.  Pero no, no es así.  El corazón humano es igual en todo aspecto, no hay bueno para que Dios nos ame, para que nos muestre su gracia.  Por eso, la necesidad que tenemos es GRACIA, favor inmerecido, no solo para la salvación, sino también para cada día de nuestras vidas.  La gracia no adula al hombre, pues supone desde el principio que el hombre no tiene nada de bueno en el, ni aun un poquito.  Por eso el hombre natural no le gusta la gracia; prefiere la ley, que suponiendo que fuera posible guardarlo, adularia al hombre, y le daría algo en que gloriarse.  Pero no, todo es de Dios, y nosotros, como los que han recibido la gracia, somos hechos adoradores ante el Dios que nos conoce tal como somos, y nos ama profundamente de todos modos, tanto que dio a su único hijo, para que el muriese en lugar nuestro.

Han pasado aproximadamente cuarenta y cinco años entre la vez pasada que vimos a Eliseo enviando el siervo para ungir a Jehú como rey y este su nieto llorando sobre el profeta muriendo.  “Estaba Eliseo enfermo de la enfermedad de que murió. Y descendió a él Joás rey de Israel, y llorando delante de él, dijo:  ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo”!  Veo muy interesante las palabras del rey, tanto como sus lágrimas.  Las palabras del rey nos dice una gran cosa sobre lo que el rey sabía acerca de la historia de Elías y Eliseo.  Cierto fue que los hijos de Jehú habían dejado a un lado al profeta Eliseo durante sus reinos, prefiriendo la adoración de los dioses falsos de Jeroboam.  Pero no habían ignorado de la historia. ¿Se acuerda del arrebatamiento de Elías?  “Y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías subió al cielo en un torbellino.  Viéndolo Eliseo, clamaba:  ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo”!  Después, cuando Eliseo estaba encerrado en la cuidad y el rey de Siria había enviado unos soldados a arrestarle, el joven siervo de Eliseo tuvo mucho miedo.  “Y oró Eliseo, y dijo:  Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea.  Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo”.

Este rey, Joás, aparentemente conocía estas historias.  Pero no le servían porque no había aprovechado nada la presencia de Eliseo durante toda su vida.  Tengo este pensamiento que hay algunos de los hijos de los hermanos que conocen las historias de la Biblia, conocen como sus padres seguían al Señor Jesús, y aprovechaban la gracia, pero ellos mismos no lo han aprovechado.  ¡Que grande perdida!  Al morir el profeta, Joás llora. No dudo que las lágrimas eran sinceras.  Sabia que la presencia de Eliseo en la nación, aunque dejado a un lado, era para la bendición de Israel, y temía su muerte y la pérdida de este hombre, ministro de la gracia que había visto el hombre arrebatado en el cielo por el carro de fuego y su gente de a caballo.

Voy a terminar este estudio y continuar la semana que viene con estos pensamientos para que reflexionemos, nosotros que hemos en cierto sentido heredado la verdad.  Los Proverbios nos dice “Compra la verdad, y no la vendas”.  Proverbios 23:23.  En realidad, es imposible heredar la verdad.  Es algo que cada uno tiene que meditar en la presencia de Dios y recibir para si mismo.  Yo tengo la bendición de haber nacido en una familia donde hasta los abuelos había un conocimiento de la verdad de la Biblia, y he intentado criar a mis hijos en la verdad.  Por la misericordia de Dios, mis hijos hasta ahora están en lo mismo y están criando a sus hijos en la misma forma.  Pero sigue cierto la verdad que cada uno de nosotros tenemos que comprar, o sea, valorar la verdad por nosotros mismos.  Seria una cosa muy triste si llegamos a llorar como Joás en la muerte de Eliseo, solo en remordimiento de haber perdido la oportunidad de vivir aprovechando la gracia.

FELIPE FOURNIER
8 de enero de 2012