“Vino entonces un hombre de Baal-salisa, el cual trajo al varón de Dios panes de primicias, veinte panes de cebada, y trigo nuevo en su espiga. Y él dijo: Da a la gente para que coma”. Vemos otra vez el gran contraste entre los dos siervos de Dios, Elías y Eliseo. ¿Se acuerda como Elías al lado del rio recibió comida para sí mismo? ¿Y después, en la casa de la viuda, cada día había suficiente para él, la viuda, y su hijo? Elías, como principalmente el profeta enviado para llamar el pueblo al arrepentimiento, no vino con el fin de darles de comer a un pueblo rebelde. Pero en Eliseo vemos la pura gracia de Dios, y vemos como Eliseo recibía gratuitamente y daba igual. “Da a la gente para que coma”. ¿No nos hace pensar del Señor Jesús, que después de preguntar a Felipe que iban a hacer, daba comida para cinco mil personas? “Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer. Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco”. Juan 6:5-7 ¡Pobre Felipe! Todo que había visto antes no servía para la fe necesaria para el momento.
Igual el siervo de Eliseo, quien supongamos que era Giezi. Como sabemos de otras cosas en su historia, Giezi era un hombre que aprovechaba la asociación con Eliseo pero quizás no compartía su fe. Sea como sea, no podía entender cómo iba a dar de comer a mucha gente con poca comida. “Y respondió su sirviente: ¿Cómo pondré esto delante de cien hombres?” Vamos a perder algo si decimos “Pues, Giezi no era hombre de fe, por eso dudaba”. Puede ser, pero Felipe era un creyente de verdad y decía casi lo mismo: “Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco”. ¿Somos nosotros mejores que estos dos? Yo creo que no. Aunque hemos visto la provisión de Dios en tiempos pasados, la memoria y la fe son cosas distintas. Necesitamos fe por cada momento, pero es la fe en Dios que da gozo. “Sin fe es imposible agradar a Dios”. Hebreos 11:6 “Entonces creyeron a sus palabras y cantaron su alabanza”. Salmo 106:12
Pero la provisión de Jehová era mucho más grande que la fe del siervo. “Así ha dicho Jehová: Comerán, y sobrará. Entonces lo puso delante de ellos, y comieron, y les sobró, conforme a la palabra de Jehová”. Y así con Felipe, el discípulo de poca fe. Podemos pensar como maravillaba, distribuyendo los cinco panes del niño, y viendo como cada vez daba, quedaba con más. La gracia da de una fuente inagotable; Eliseo daba, pero no tenía menos pues sobraba la comida.
¿Puede Dios proveer en tal forma hoy en día? Claro que sí, aunque sabemos que no es el día de poder abierto como en los días de los apóstoles en el libro de los Hechos. Pero esta mañana mi esposa me leía de un libro, conocido por muchos y escrito por una mujer de fe en el Señor Jesús que había estado encarcelado por haber protegido a los judíos durante la segunda guerra mundial. Estaba en la cárcel con su hermana, quien sufría de anemia y la comida que se les daba era mala y poquita. Tenía una botella de color oscuro que tenía vitamina en forma líquida. Cada día Corrie ponía una gota de vitamina en el pan de su hermana Betsy, y parecía que la botella hubiera vaciado desde hace mucho tiempo. Pero cada día había otra gota. Otras mujeres también estaban enfermas, y venían para las vitaminas. Corrie dijo que tenía la tendencia de guardar la botella y no compartir, pues tanto necesitaba su hermana las vitaminas que contenía. Pero había tantas mujeres necesitadas, que resultaba que había que dar a hasta quince mujeres o más cada día. Cada vez, la botella parecía vacía pero daba sus gotas día tras día. Corrie trataba de explicarlo a su hermana así “quizás hay nada más unas moléculas restantes y el aire está explotándolas”. Betsy le dijo, “No tratas tanto explicarlo, Corrie; acéptalo como una sorpresa de un Padre que te ama”. Llegó un día cuando una trabajadora bondadosa trajo varias botellas grandes de vitaminas. Corrie intentó sacar otra gota de la botella chiquita, pero ya no daba más.
Es el mismo Dios, Jehová que proveía para las necesidades del pueblo que rodeaba Eliseo, y daba para las necesidades de las mujeres cristianas durante el tiempo de Hitler. Él es nuestro Dios también, y es digno de nuestra confianza. “Porque este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre; Él nos guiará aún más allá de la muerte”. Salmo 48:14
25 de septiembre de 2011