Disculpe la perdida de una semana sin estudio.La semana pasada fuimos a visitar los hermanos de Ensenada, saliendo temprano y volviendo tarde y me faltaba tiempo para escribir un estudio. Fue un tiempo provechoso, gozando juntos alrededor del Señor Jesús para recordarle en su muerte. Además había un bautismo de una hermana de cómo cincuenta años.
“Una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehová; y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos”. Vemos aquí la condición triste de una nación apartada de Jehová, tal que una viuda estaba en la condición de pobreza tan extrema que estaba en peligro de perder hasta sus hijos. La ley de Moisés siempre proveía para las viudas y huérfanos pero en la caída de la nación, lo que Dios había provisto fue dejado a un lado. También en el cristianismo tenemos la amonestación “Honra a las viudas que en verdad lo son” (1 Timoteo 5:3) y si no lo hacemos, es también una marca de nuestra condición espiritual.
Pero Eliseo, como representante de la gracia de Dios, iba a proveer la respuesta para la viuda aunque solo a través de la fe propia de ella. Creo que hay mucha instrucción por nosotros en esta historia. Eliseo la hace la pregunta “Declárame qué tienes en casa”. Acaso como la mujer pensamos que tampoco tenemos mucho, pero se nota que Eliseo iba a mostrar que en el poder de Dios no hay límites. “Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite”. ¿Se acuerda de los discípulos en el desierto con la multitud de gente que estaba escuchando al Señor Jesús? Dijo Andrés “Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos”?
El paso siguiente requería la fe de parte de la mujer. “El le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas”. Podemos imaginar las burlas de los vecinos; “Tu, que no tienes nada, ¿Cómo quieres prestar vasos cuando no tienes nada que poner en ellos”? Así la fe era lo que le daba de prestar muchos vasos, y el resultado fue una abundancia solo limitada por la cantidad de vasos. “Y se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y sus hijos; y ellos le traían las vasijas, y ella echaba del aceite. Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite”. ¡Que buena lección también para sus hijos, los cuales un poco antes hubieran estado esperando ser vendidos como esclavos para pagar las deudas de su madre! Ellos podían ver como el aceite seguía derramándose de la vasija sin faltar, hasta que se terminaron los vasos.
¿No somos nosotros también como vasos? “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros”. 2 Corintios 4:7 El aceite en la escritura habla casi siempre del Espíritu Santo. No hay límite en su poder. Lo que se necesita son vasos vacíos.Desgraciadamente, muchas veces nuestros vasos están demasiado llenos con otras cosas; el mundo y sus placeres, nuestros quehaceres y negocios, preocupaciones sobre una y otra cosa, y nos encontramos no muy útiles para ser llenos del Espíritu Santo. Pero la viuda había tenido la fe de prestar muchos vasos, tal que era suficiente para satisfacer todas sus necesidades. “Vino ella luego, y lo contó al varón de Dios, el cual dijo: Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quede”.
¿Qué tal de nosotros? ¿Hemos también experimentado como “el Dios de toda gracia” es suficiente para que vivamos? Si no, quizás es porque no hemos vaciado el vaso para que se llene con el Espíritu Santo. Que el Señor nos ayude conocer más la fe de la viuda, a pesar de los días de ruina, pues el Dios de Eliseo y la viuda es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. Hebreos 13:8
21 de agosto de 2011