Estamos aquí en Tijuana con los hermanos en una conferencia bíblica donde estamos disfrutando la gracia de Dios en la compañía de los que aman al Señor Jesús y buscan su honra y gloria. El evangelio ha sido predicado fielmente, pues pensamos que hay varios inconversos presentes, y hemos estudiado con bendición los capítulos 6, 7, y 8 del libro a los Romanos. Ahora es el día del Señor y tengo poquito tiempo para escribir este estudio pero voy a intentar terminar algo corto.
“Eliseo volvió a Gilgal cuando había una grande hambre en la tierra. Y los hijos de los profetas estaban con él, por lo que dijo a su criado: Pon una olla grande, y haz potaje para los hijos de los profetas”. Hay que recordar que la época era igual que antes; un pueblo rebelde, un rey idólatra, y la nación apostata contra Jehová. Así que el hambre no era nada de sorprender pues la lluvia viene por la misericordia de Dios. Pero Eliseo andaba entre ellos como mensajero y ejemplo de la gracia. Así que no iba a haber palabras de reprensión de Eliseo como hablaba Elías sobre su mala condición espiritual que había traído tales maldades sobre la tierra de promesa, la tierra que una vez se había nombrado como tierra que fluía con leche y miel. No, Eliseo dice “pon una olla grande” pues Jehová aún era el mismo, el único Dios Verdadero y Dios de grande provisión.
“Y salió uno al campo a recoger hierbas, y halló una como parra montés, y de ella llenó su falda de calabazas silvestres; y volvió, y las cortó en la olla del potaje, pues no sabía lo que era. Después sirvió para que comieran los hombres; pero sucedió que comiendo ellos de aquel guisado, gritaron diciendo: ¡Varón de Dios, hay muerte en esa olla! Y no lo pudieron comer”. No dice que Eliseo pidió que saliesen para buscar en el campo cualquier cosa pero uno quiso hacer su colaboración con el trabajo de comida y recogió lo que le parecía bueno. Voy a ser muy directo diciendo lo que pienso que tenemos aquí. Las calabazas silvestres puede ser lo que algunos hermanos recogen de enseñanza supuestamente cristiana de muchas fuentes, incluso algo escrito en el internet, pero lleva consigo la muerte, o sea, mala doctrina que arruina el ministerio en la asamblea. Hay que tener mucho cuidado, hermanos. Hay algunos que dicen que no se debe leer nada más que la Biblia y con ellos no estoy de acuerdo. El Señor nos ha dejado un rico tesorero de ministerio bueno que se puede leer o escuchar y disfrutar. Pero hay muchas “calabazas silvestres” que no convienen y uno que toma de lo que hay sin preocuparse de la fuente de su enseñanza puede caer en una trampa bien fácil.
Pero el resultado no solo era que el que recogía era afectado, sino también los demás sufrieron. “¡Varón de Dios, hay muerte en esa olla! Y no lo pudieron comer”. Así la mala doctrina, reciclada y entregada sigue siendo mala doctrina y puede afectar a otros. Pero aun así, había respuesta de parte de Eliseo. “El entonces dijo: Traed harina. Y la esparció en la olla, y dijo: Da de comer a la gente. Y no hubo más mal en la olla”. La harina nos hace pensar de Cristo en la palabra de Dios, pero como la harina es trigo molido, así el Espíritu de Dios a través de la palabra de Dios y la meditación sobre ella en el hermano sujeto a su guía puede dar la palabra de corrección que cure la mala doctrina que puede entrar. Así que, mi querido lector, tenga cuidado con la fuente de la material que usted usa para estudiar y reflexionar sobre la palabra de Dios. Hay mucho ministerio bueno, entregado por hombres fieles que caminaban en la verdad que enseñaban. Vale la pena leer este ministerio, aunque siempre buscando la guía del Espíritu Santo en todo a través de la palabra de Dios. “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros”. 2 Timoteo 2:2 “Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así”. Hechos 17:11
18 de septiembre de 2011