MEDITACIONES

de     P. F.

Eliseo y el hambre de Samaria  *

2 Reyes 6:24–33  y  2 Reyes 7:1-2 *

“Después de esto aconteció, que Ben-adad rey de Siria juntó todo su ejército, y subió, y puso cerco á Samaria.  Y hubo grande hambre en Samaria, teniendo ellos cerco sobre ella; tanto, que la cabeza de un asno era vendida por ochenta piezas de plata, y la cuarta de un cabo de estiércol de palomas por cinco piezas de plata.  Y pasando el rey de Israel por el muro, una mujer le dió voces, y dijo: Salva, rey señor mío.  Y él dijo: Si no te salva Jehová, ¿de dónde te tengo de salvar yo? ¿del alfolí, ó del lagar?  Y díjole el rey: ¿Qué tienes? Y ella respondió: Esta mujer me dijo: Da acá tu hijo, y comámoslo hoy, y mañana comeremos el mío.  Cocimos pues mi hijo, y le comimos. El día siguiente yo le dije: Da acá tu hijo, y comámoslo. Mas ella ha escondido su hijo.  Y como el rey oyó las palabras de aquella mujer, rasgó sus vestidos, y pasó así por el muro: y llegó á ver el pueblo el saco que traía interiormente sobre su carne.  Y él dijo: Así me haga Dios, y así me añada, si la cabeza de Eliseo hijo de Saphat quedare sobre él hoy.  Estaba á la sazón Eliseo sentado en su casa, y con él estaban sentados los ancianos: y el rey envió á él un hombre. Mas antes que el mensajero viniese á él, dijo él á los ancianos: ¿No habéis visto como este hijo del homicida me envía á quitar la cabeza? Mirad pues, y cuando viniere el mensajero, cerrad la puerta, é impedidle la entrada: ¿no viene tras él el ruido de los pies de su amo?  Aun estaba él hablando con ellos, y he aquí el mensajero que descendía á él; y dijo: Ciertamente este mal de Jehová viene. ¿Para qué tengo de esperar más á Jehová”?  (2 Reyes 6:24–33)


“DIJO entonces Eliseo: Oid palabra de Jehová: Así dijo Jehová: Mañana á estas horas valdrá el seah de flor de harina un siclo, y dos seahs de cebada un siclo, á la puerta de Samaria.  Y un príncipe sobre cuya mano el rey se apoyaba, respondió al varón de Dios, y dijo: Si Jehová hiciese ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así? Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello”.  (2 Reyes 7:1-2)


“Después de esto aconteció que Ben-adad rey de Siria reunió todo su ejército, y subió y sitió a Samaria.  Y hubo gran hambre en Samaria, a consecuencia de aquel sitio; tanto que la cabeza de un asno se vendía por ochenta piezas de plata, y la cuarta parte de un cab de estiércol de palomas por cinco piezas de plata”.  La semana pasada notamos como Eliseo había advertido al rey de Israel y le había salvado varias veces de las bandas armadas de Siria.  Pero esta vez, el rey de Siria vino con todo su ejército, todo preparado para acampar afuera de la cuidad hasta que estuvieran muriendo de hambre.  Y en verdad, casi lograron su objetivo.  Como leemos arriba, los precios de comida de mala calidad subieron mucho.  ¿Y no vemos en esto una ilustración del mundo en la condición que está muy lejos de Dios?  Cobra caro y rinde poco y aun así, el hombre sigue engañado.  No es de mucha sorpresa que los niños fueron las victimas de tales circunstancias, pues las mujeres empezaron a matar y comer a sus hijos.  Decimos (y con razón)  ¡Que horrible!  Y es horrible, pero es el deseo y motivo de este mundo comer a nuestros hijos y forma espiritual en el día de hoy.  ¡Qué guardemos a nuestros hijos lo que sea posible de este mundo!

El rey, el que tan recién había disfrutado de la gracia y las advertencias de Eliseo, ahora quiere culpar a Eliseo por la condición desesperada del pueblo.  “Y él dijo: Así me haga Dios, y aun me añada, si la cabeza de Eliseo hijo de Safat queda sobre él hoy”.  Pero la condición del pueblo era directamente un resultado de la desobediencia e idolatría, algo de que Eliseo era cien por ciento inocente.  ¿Para que entonces matar quizás al único hombre en la ciudad que no era culpable?  Pues, así es el hombre.  Vino Cristo con amor y ternura a este mundo, y le condenaron a muerte, el único hombre santo y perfecto.  No quiero decir que Eliseo era perfecto como Cristo, pero creo que vemos en prototipo a Cristo en Eliseo.

Eliseo dice abiertamente que tipo era el rey.  “Dijo él a los ancianos:  ¿No habéis visto cómo este hijo de homicida envía a cortarme la cabeza”?  Su papa, a través de su esposa Jezabel, había matado a Nabot, otro hombre que temía a Jehová y no era culpable de nada sino el deseo de guardar lo que había heredado de su padre.  Así el hijo del homicida también piensa ser homicida.  ¿Cómo pues, contestaría Eliseo a un hombre tan malo y corrupto?  Ahh, ya sabemos, ¿no?  El tema es la gracia, y Dios es el Dios de toda gracia.  Gracia quiere decir “favor inmerecida”.  Escuche, querido lector, las palabras bellas y casi increíbles de Eliseo.  “Dijo entonces Eliseo: Oíd palabra de Jehová:  Así dijo Jehová: Mañana a estas horas valdrá el seah de flor de harina un siclo, y dos seahs de cebada un siclo, a la puerta de Samaria”.  Habían estado comprando comida mala a un precio muy elevado, y dice Eliseo que mañana, la comida buena se vende muy, muy barata.  Pero, querido lector, si todavía usted se encuentra en sus pecados, quiero que usted sepa que la salvación no solo es muy barata, sino totalmente gratis.  Sin dinero y sin precio, como dice la escritura.  “siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”.  Romanos 3:24

¿Quién va a disfrutar de esta gracia?  Todo el mundo menos el que no cree.  “Y un príncipe sobre cuyo brazo el rey se apoyaba, respondió al varón de Dios, y dijo:  Si Jehová hiciese ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así?  Y él dijo:  He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello”.  Solo es la incredulidad que va entre el hombre y la bendición de Dios, la vida eterna y el perdón de pecados.  El príncipe no podía creer en la gracia, aunque, según él, Jehová hiciera ventanas en el cielo.  Pero podemos decir que sí, hay ventanas en el cielo que han abierto a través de la muerte de Cristo para salvación a todo aquel que cree.  ¿Qué tal de usted, querido lector?  Ha confiado y aceptado la gracia tan grande de Dios?

Dios mediante la semana que viene veremos como la gracia de Dios obró en Samaria para producir la maravilla que el príncipe dijo que era imposible.

FELIPE FOURNIER
13 de noviembre de 2011