MEDITACIONES

de     P. F.

Eliseo y el hacha perdida  *

2 Reyes 6:1–7 *

“LOS hijos de los profetas dijeron á Eliseo: He aquí, el lugar en que moramos contigo nos es estrecho.  Vamos ahora al Jordán, y tomemos de allí cada uno una viga, y hagámonos allí lugar en que habitemos. Y él dijo: Andad.  Y dijo uno: Rogámoste que quieras venir con tus siervos. Y él respondió: Yo iré.  Fuése pues con ellos; y como llegaron al Jordán, cortaron la madera.  Y aconteció que derribando uno un árbol, cayósele el hacha en el agua; y dió voces, diciendo: ¡Ah, señor mío, que era emprestada!  Y el varón de Dios dijo: ¿Dónde cayó? Y él le mostró el lugar. Entonces cortó él un palo, y echólo allí; é hizo nadar el hierro.  Y dijo: Tómalo. Y él tendió la mano, y tomólo.”.  (2 Reyes 6:1–7)


“Los hijos de los profetas dijeron a Eliseo:  He aquí, el lugar en que moramos contigo nos es estrecho.  Vamos ahora al Jordán, y tomemos de allí cada uno una viga, y hagamos allí lugar en que habitemos.  Y él dijo:  Andad.  Y dijo uno:  Te rogamos que vengas con tus siervos.  Y él respondió:  Yo iré.  Se fue, pues, con ellos”.  Hemos visto a Eliseo recién con los grandes de la tierra.  Había sido el instrumento de la cura de Naamán, capitán de Siria y había sido también instrumento de la salvación del rey de Israel cuando peleaba con los moabitas.  ¿Pero qué es lo que vemos aquí?  Eliseo, fuente de la gracia en Israel, está dispuesto de preocuparse de las vidas de unos jóvenes humildes también.

Creo que hay por lo menos dos lecciones más que podemos aprender de lo que hizo y dijo Eliseo.  Primero, parece que este grupo de jóvenes, los hijos de los profetas, vivían en una casa pequeña y querían construir una más grande.  Querían irse a otro sitio para construir una casa más grande, y en tantas palabras querían la bendición de Eliseo.  No hacían una petición de Eliseo, pero el entendía que ellos le hablaron así porque querían su bendición.  Yo creo que les entendía porque era su costumbre escucharles a menudo, cosa que nosotros los más grandes a rara vez tienen la tendencia de hacer.  Podemos decir que Eliseo era una persona accesible y confiable para con todos.  Después, vemos como Eliseo contestó “andad”.  ¿Fue bueno lo que iban a hacer?  No sabemos, pero para mí la lección es el comunión que Eliseo tenia para con Jehová, y en la gracia podía decir “andad”.  Nosotros mayores tenemos la tendencia siempre de decir “no vayan” a los jóvenes, simplemente por miedo que les puede pasar algo malo.  Pero Eliseo, con buena sabiduría, podía confiar en Jehová que las lecciones que estos jóvenes iban a tener que aprender, serian enseñados por El mismo.  Como Eliseo había podido decir a Naamán “ve en paz” cuando hablaba de entrar en el templo del ídolo, así aquí puede decir “andad”a estos jóvenes.

Pero aún más, estos jóvenes quieren que Eliseo vaya con ellos. Mucha confianza, ¿no?  Y Eliseo podía decir “iré”.  ¿No tenía cosas más importantes que hacer?  ¿Salirse con unos jóvenes para construir una casa cuando Jehová le había estado usando en una forma tan fuerte?  Creo que a veces nosotros no entendemos muy bien lo que constituye la vida cristiana.  Eliseo estaba haciendo la obra de Dios tanto aquí trabajando y compartiendo con estos jóvenes que cuando levantaba de los muertos el hijo muerto de la grande mujer de Sunem.  Así Pablo, el apóstol más reconocido, autor de la mitad de los libros del nuevo testamento, se ocupaba también en hacer tiendas con la pareja Aquila y Priscila.  “Y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas”.  Hechos 18:3  Cuando llegó el momento cuando había necesidad de buscar leña, vemos a Pablo otra vez ocupándose en este trabajo humilde.  “Entonces, habiendo recogido Pablo algunas ramas secas, las echó al fuego”.  Hechos 28:3  Creo que vale la pena por nosotros reflexionar algo sobre lo que se considera “la obra del Señor” cuando decidimos como usar nuestro tiempo libre.

Uno de los jóvenes que fue en este trabajo había prestado un hacha.  “Y aconteció que mientras uno derribaba un árbol, se le cayó el hacha en el agua; y gritó diciendo:  ¡Ah, señor mío, era prestada”.  Yo he pensado de estas palabras muchas veces cuando estoy escribiendo estos estudios, pues la gran mayoría de lo que yo escribo es algo que he aprendido de otros.  Pero la verdad solo “prestada” así se pierde fácilmente.  Es bueno escuchar y aprender la verdad de otros y también es bueno compartir la misma verdad con otros.  Como dijo Pablo a Timoteo “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros”.  2 Timoteo 2:2.  Pero la verdad que hemos meditado y puesto en práctica deja de ser prestada y llega siendo nuestra.

“El varón de Dios preguntó:  ¿Dónde cayó?  Y él le mostró el lugar”.  A veces es bueno reflexionar sobre “¿Dónde cayó?  Para ponerlo en palabras más claras, volvemos al punto de partida en nuestras mentes para meditar sobre porque hemos perdido lo que antes profesábamos haber entendido y creído.  “quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo”.  Arrepentirse es, en parte, volver al punto de partida en confesión con Dios.  2 Timoteo 2:25, 26

Lo que queda, voy a dejar a la meditación de mis lectores para ver si alguien tiene pensamiento sobre el rio Jordan, el palo echado en aquel rio, y este versículo “Entonces cortó él un palo, y lo echó allí; e hizo flotar el hierro.  Y dijo:  Tómalo.  Y él extendió la mano, y lo tomó”.

FELIPE FOURNIER
30 de octubre de 2011