La semana pasada dejamos al rey de Israel, nieto de Jehú, llorando sobre el profeta en su lecho de muerte. Eran lágrimas inútiles, habiendo ignorado voluntariamente del profeta durante toda su vida, pero Eliseo, siempre la fuente de gracia hasta la muerte, tiene algo mas para la ayuda de este rey apóstata. Iba a enseñarle al rey como aprovechar la gracia, que siempre requiere la acción de fe, pues “sin fe es imposible agradarle a Dios”. “Y dijo (Eliseo): Abre la ventana que da al oriente. Y cuando él la abrió, dijo Eliseo: Tira. Y tirando él, dijo Eliseo: Saeta de salvación de Jehová, y saeta de salvación contra Siria; porque herirás a los sirios en Afec hasta consumirlos”. Eliseo le enseña que la flecha es una símbolo de la mano de Jehová, poderoso siempre para los que confían en el. Pero, ¿había fe para aprovechar la oferta? Veremos…
“Y le volvió a decir: Toma las saetas. Y luego que el rey de Israel las hubo tomado, le dijo: Golpea la tierra. Y él la golpeó tres veces, y se detuvo. Entonces el varón de Dios, enojado contra él, le dijo: Al dar cinco o seis golpes, hubieras derrotado a Siria hasta no quedar ninguno; pero ahora sólo tres veces derrotarás a Siria”. Es de poco sorpresa a nosotros ver, como este rey que había seguido en los pecados de Jeroboam con la adoración de los ídolos puestos hace tantos años en Dan y Betel, no tenia la fe en Jehová para entender que debería haber golpeado la tierra cinco o seis veces. Nos hace recordar de Lot, el sobrino de Abraham. Escogió para si la llanura del Jordan, aunque corría el peligro de acercarse allá con el mundo corrupto que estaba tan cerca en las ciudades allá, incluso Sodoma y Gomorra. Aunque por la intercesión de Abraham, Lot fue librado de la destrucción que descendió sobre las ciudades de la llanura, no había en el la fe para salir por todo de aquella situación. Su fin y los resultados fueron lamentables en extremo. Una vida así vivido por la vista de los ojos, en vez del ojo de la fe puesto en Jesús, no puede resultar en un fin exitoso. “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”. Hebreos 12:2
Pero al morir Eliseo, su utilidad para Dios no termina. “Y murió Eliseo, y lo sepultaron. Entrado el año, vinieron bandas armadas de moabitas a la tierra. Y aconteció que al sepultar unos a un hombre, súbitamente vieron una banda armada, y arrojaron el cadáver en el sepulcro de Eliseo; y cuando llegó a tocar el muerto los huesos de Eliseo, revivió, y se levantó sobre sus pies”. ¡Que bonito fin para la historia de este hombre de la gracia! ¿No podemos ver en esto una anticipación del valor de la muerte de Cristo? “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente”. Juan 11:25-26 Así el hombre que toda su vida había mostrado la gracia de Dios rebosando entre una nación incrédulo y no arrepentido termina su carrera siendo otra vez un prototipo de uno mucho mas grande, el Señor Jesucristo.
Hemos terminado nuestro estudio de este hombre tan interesante. Espero que haya sido a ustedes mis lectores una bendición como ha sido para conmigo. Todavía quedo en duda que tema voy a comenzar después, pero confío que el Señor me va a dar ánimo para seguir con estas meditaciones semanales.
15 de enero de 2012