Estoy escribiendo desde la conferencia en Burbank. Acaso voy a poder compartir algo del tiempo aqui que hasta ahora ha sido muy provechoso, pero por el momento pienso seguir con el tema de Eliseo.
Hemos visto como Eliseo en su ministerio a la nación de Israel tenía una esfera de bendición mucho más amplio que lo de Elías. Elías había sido el instrumento de la bendición para con individuos como la viuda con quien había quedado durante los años del hambre, y cuyo hijo resucitó de los muertos. Pero Eliseo, como instrumento de la gracia soberana de Dios entre una nación impía y apóstata, había sido usado con ciudades como Jericó y Samaria, con capitanes como Naamán, con el rey de Israel y su salvación de los Sirios, y con una familia rica de Sunem. Ahora su ministerio le lleva mas allá que los bordes de la nación de Israel. “Eliseo se fue luego a Damasco”, cosa que nos hace pensar otra vez de la gracia que después de la muerte y resurrección del Señor Jesucristo, la gracia que se ha extendido hasta los términos de la tierra.
Es interesante ver la actitud del rey de Siria, Ben-adad. En su salud, había procurado matar a Eliseo por haberle frustrado en sus planes de capturar al rey de Israel. Ahora, en su enfermedad, él quiere consultar con Eliseo y por medio de él, a Jehová el Dios de Israel. Es bien interesante ver como un pagano como Ben-adad sabia que Jehová era el Dios verdadero, aunque no se ve que había en el la fe para salvación. Para un gran contraste, hemos visto al rey de Israel, en su enfermedad envió a un dios ajeno en el tiempo de Elías. “Ocozías cayó por la ventana de una sala de la casa que tenía en Samaria; y estando enfermo, envió mensajeros, y les dijo: Id y consultad a Baal-zebub dios de Ecrón, si he de sanar de esta mi enfermedad”. 2 Reyes 1:2
Ben-adad, pensando en forma de un ser humano, humillado por su enfermedad y quizás porque se dio cuenta de que Eliseo no era ignorante de todas sus asechanzas contra la nación de Israel, envió un regalo grandísimo, dándonos de entender que para nada entendía la gracia, como tampoco el hombre natural en cualquier circunstancia la entiende. Eliseo, teniendo inteligencia de Dios (no movido nada por el regalo, que seguramente no recibió) dijo que la enfermedad no era para la muerte. “Eliseo le dijo: Ve, dile: Seguramente sanarás”. Pero Eliseo sabia algo mas; “Sin embargo, Jehová me ha mostrado que él morirá ciertamente”. La causa de su muerte no iba a ser la enfermedad. En verdad, el mensajero Hazael iba a matar al rey, aprovechando su debilidad. Pero no era eso que preocupaba tanto a Eliseo.
“Y el varón de Dios le miró fijamente, y estuvo así hasta hacerlo ruborizarse; luego lloró el varón de Dios”. Hazael, por su parte, indudablemente ya estaba contemplando la homicida y la mirada de Eliseo le causó inquietud y vergüenza. Las lágrimas de Eliseo aquí, casi al fin de su ministerio, nos hacen pensar de otro hombre que también lloraba sobre la condición del pueblo de Israel. “Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos”. Lucas 19:41 Eliseo lloraba, pues veía lo que iba a pasar a Israel, y por la mano de aquel hombre que estaba preguntándole sobre la salud del rey de Siria. Eliseo había venido como el mensajero de Dios para los tiempos de apostasía, Dios en su gracia y misericordia proveyendo bendición para todo aquel que quería aprovechar. Pero la nación había quedado dura y sin arrepentimiento. El tiempo era ya muy corto, y el juicio ya no demoraba.
“Entonces le dijo Hazael: ¿Por qué llora mi señor? Y él respondió: Porque sé el mal que harás a los hijos de Israel; a sus fortalezas pegarás fuego, a sus jóvenes matarás a espada, y estrellarás a sus niños, y abrirás el vientre a sus mujeres que estén encintas”. Todo esto pasó al pueblo de Israel, pues rechazado la gracia, ¿que más tiene Dios para el hombre? Absolutamente nada menos el juicio. Hazael proclamó que no era posible que el hiciera tales cosas. “Pues, ¿qué es tu siervo? ¿Como un perro hará cosa tan enorme”? Mejor hubiera sido que el dijera como la mujer griega en el tiempo del Señor Jesucristo que buscaba la bendición para su hija endemoniada. “Respondió ella y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos”. Ella, en efecto, dijo que era una perra, y en verdad recibió la bendición. Hazael en verdad era tan malo como Eliseo dijo proféticamente. Solamente ignoraba la maldad de su propio corazón. Volvió a Siria con la mitad del mensaje y empezó a mostrar lo que en verdad estaba en su corazón ambicioso. “Hazael se fue, y vino a su señor, el cual le dijo: ¿Qué te ha dicho Eliseo? Y él respondió: Me dijo que seguramente sanarás. El día siguiente, tomó un paño y lo metió en agua, y lo puso sobre el rostro de Ben-adad, y murió; y reinó Hazael en su lugar”.
Casi estamos por terminar la historia tan bonita de este hombre de Dios y su ministerio de la gracia. Si otro alguien tenga un tema para estudiar, estoy listo para escuchar sugerencias.
25 de diciembre de 2011